Palabras, Barullos, Sueños, Cuentos e Historias de Vida, Viajes y Otras Verdades

Apr 25, 2011

París, La Maga y otros regalos adelantados de cumpleaños.


Hace algunos años, decidí encontrar la manera para estudiar de nuevo, no solo mi carrera profesional, sino que también, quería ahondar en temas que me seducían, actividades, ambas, que no podía llevar a cabo, no solo por los avatares del tiempo y algunas carencias menores de dinero que, al final, alcanzaban tinte de penurias, sino también, porque sentía que ya no estaba en edad de merecerlo.

Decidí entonces, después de mucho pensarlo, comenzar a  estudiar en el 2009, Comunicación Social en la Fundación Universitaria Católica del Norte, al mismo tiempo que también inicié entonces, el Diplomado de Género: Defensa de los Derechos de la Mujer ante la Justicia Colombiana en la Universidad Javeriana.  Lo más maravilloso de todo, es que no tenía ni horario ni fecha en el calendario para asistir a clases, ya que los estudios no solo eran a distancia, sino que además, eran absolutamente “en línea”, o como se dice: “online”.    Me sentí entonces, inspirada para hacer mis mejores esfuerzos en aras de contribuir de mejor manera al contexto en el que trabajo, que valga la pena recordar, es de mujeres indígenas y mujeres Wayuu.

También debo decir que encontré, en medio de una pequeña tormenta, la motivación para retomar  la lectura de biografías de mujeres, y luego libros de literatura, escritos, por mujeres fascinantes.  Debo advertir que comencé a leer de nuevo sobre este tema, porque por allá a mediados de los años noventa, cuando regresé a la Capital, es decir a Bogotá, mi papá, me hizo un regalo maravilloso que consistía en tres libros fenomenales, los cuales leí, en menos de una semana, aunque imagino que otras lectoras más disciplinadas y consagradas, seguro podrían devorarlos en un mismo día.  Uno de los libros, era “Las Desobedientes” una hermosa y cuidadosa compilación que recoge cerca de, no sé, no lo recuerdo bien ya, pero eran más o menos quince historias de mujeres latinoamericanas, compiladas,  por Betty Osorio y María Mercedes Jaramillo.  Los otros dos libros, eran biografías:  La de Frida Kahlo, escrita por Rauda Jamis, un libro con una maravillosa portada roja que combinaba perfectamente con la boca de la pintora; y la de María Félix, libro del cual nunca supe nada más después de la zampada  de rigor.  Quizás, María Félix, se volvió a volar con ese jardinero, amigo de mi papá que contaba que, cuando la Félix estuvo en Colombia, él la persiguió, sin tregua, hasta que incluso, llegó a México, para finalmente servirle en su jardín.

Resulta que en mis ires y venires, recientemente, escogí de la biblioteca que heredé de mi papá (muy en contra de su voluntad, valga la pena decirlo), un libro que me traje a mi nuevo lugar de habitaciones en Suiza.  En la repentina sed de melancolía literaria que obliga a una actualización inexorable, “las cartas entre Sartre y Beavoir”, es uno de los veinte libros con los cuales decidí cargar, por lo menos, hasta que los haya leído todos, incluidos, claro está, los dos mencionados anteriormente. Entonces, una vez me enteré que volvería a París para hacer algunas gestiones en orden de obtener la visa a Canadá, me dispuse a devorar el libro en los tres días de mi viaje.

Vaya sorpresa.  Lo primero que encuentro en “la ciudad luz” a mi regreso (ya había estado yo en esta ciudad en el año 2006 como becaria del Programa de Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas y Derecho Internacional Humanitario),  es que está absolutamente colmada, de la maravillosa atmósfera de “La Maga”.   Esa Maga que no aparece nunca, pero que al mismo tiempo está en todas partes, omnipresente, omnipotente, hermosa, prodigiosa, inusitada, La Maga, la hembra, diosa, de La Rayuela.  Sí, La Maga, ésta vez, se me apareció en cada rincón de París.  Entonces, caminaba por el Pont des Arts y ahí estaba, ó por Momatre ó en Montparnasse, y allí, indescifrablemente, como por arte de magia, me hallaba, infraganti, pensando en ella, La Maga.  Me invadió la nostalgia por el Cronopio Mayor de Colombia, la melancolía llena de los sujetos perpetuos, esos que son verdaderamente inmortales, como él. 

Caminé entonces, por todas partes en Paris hasta que me dolieron las pantorrillas y me pasé varias veces de las estaciones del metro donde se suponía que debería descender, todo, por andar leyendo, pero antagónicamente,  no leía yo, La Rayuela.

Al final de mi visita relámpago a Paris, ahora, en el tren de regreso a Berna, sigo leyendo al ególatra de Sartre, y a la turbulenta de Beavoir, celebridades que se dedicaban a despotricar de sus conquistas, por lo menos en sus cartas, como si nadie, más que ellos dos, fuera perfecto.  Entiendo ahora  el significado profundo de la expresión  menage a trois” que definitivamente era de más de tres, entre éstos dos, siempre.   Pero ya tendré tiempo y ojala ganas, para disparatear un poco las letras sobre este legado de dependencias femeninas en nombre del feminismo. 

¿La visa a Canadá?, ah sí, claro, la conseguí.  Si lo pienso bien, mis caminos para llegar a mis metas, siempre han sido largos y llenos de obstáculos, pero igual, a mi modo, siempre llego.  Me dieron la visa, a pesar que casi se me convierte una gestión sencilla,  en una larga trilla para llegar al país del syrup de maple. Luego de saber la noticia, me dispuse a andarme el Louvre para tomarme algunas foticos de rigor.  Al final, solo sé que, próxima a cumplir años, he comenzado a recibir los mejores regalos que jamás haya yo, si quiera, deseado.  En un solo presente, dos libros más, para saciar esta sed tardía de letras, que siempre estuvo ahí, pero que no afloraba por las malas compañías ostentosas de intelecto.  El otro regalo, una beca más, para irme a Canadá a estudiar derechos de las mujeres en el Women’s Human Rights Institute de la Universidad de Toronto. 

¡No es casualidad!.  Todo pasa porque hay razones, y yo, estoy llena de ellas.  Mis queridas, mis queridos, nos veremos en el camino, que como les he dicho, largo para mi,  posiblemente corto para algunas o algunos de ustedes, en mi caso, es cada vez más sólido y lleno de reconocimientos y satisfacciones muy personales. 



Tren de París a Berna.
16:04



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